domingo, 22 de febrero de 2009

Ciudades Inteligentes en Europa

En una urbe del futuro, ¿podrían acaso las empresas constructoras competir con los proveedores de energía? En Europa está creciendo un movimiento que busca construir "ciudades inteligentes", que desafiarán al status quo.

Esta visión está alimentada por el temor al cambio climático y la necesidad de encontrar alternativas ecológicas al carbón, la impopular energía nuclear y las poco confiables importaciones de gas desde Rusia.

Tales ciudades se convertirían en unidades independientes, cuyos edificios recogerán la energía de los poderosos sistemas meteorológicos desplegados sobre sus techos y la retroalimentarán a las casas y vehículos en las calles.

Los autos eléctricos cumplirán el rol de reservas de baterías para cuando escaseen los suministros energéticos. Cada resto de comida, el césped cortado e incluso las aguas residuales serán usadas para fermentar gases.

Reconociendo el final de su tradicional modelo comercial, las empresas de servicios están trazando una estrategia de supervivencia a largo plazo.

"Con el tiempo surgirá un nuevo modelo comercial", dijo Gearoid Lane, director general de British Gas New Energy, la división ecológica de la empresa británica de servicios.

"Si hay alguna compañía energética que ignore el impacto a largo plazo de las ventas futuras de energía en base a combustibles fósiles, le espera una sorpresa", agregó Lane.

CIUDADES INTELIGENTES
La idea de las ciudades autosuficientes se está extendiendo en la Unión Europea, que se ha propuesto la ambiciosa tarea de reducir las emisiones de dióxido de carbono a un quinto por debajo de los niveles de 1990 para el 2020, las mayores reducciones de todo el mundo.

"Dentro de 25 años, millones de edificios serán construidos para funcionar tanto como 'plantas de electricidad' y viviendas", dice el escritor y economista Jeremy Rifkin, quien ha asesorado a gobiernos y corporaciones sobre cómo abordar el cambio climático y la seguridad energética.

En el centro del sistema habrá una "red de suministro electrónico inteligente" que permita que la electricidad fluya donde más se necesita y disipe los altos de energía cuando se extienden los sistemas meteorológicos.

"Cuanta más fluctuación de energía obtienes de las fuentes renovables, más sentido tiene disponer de una red inteligente. Ayudaría a estabilizar los flujos de energía, para no llevar la red al límite", dijo Markus Ewert, del equipo de nuevas tecnologías de la empresa alemana de servicios E.ON.

"Los vehículos eléctricos podrían estar conectados a la red y almacenar energía cuando se produzca de más, y estos pueden retroalimentarla a la red cuando no haya suficiente", agregó Ewert.

SOSPECHAS
Mientras que empresas de servicios como E.ON están buscando oportunidades, también hay muchas sospechas de que las otras están tratando de preservar sus intereses creados y bajar el ritmo del cambio en Bruselas, el principal impulsor de la regulación climática en Europa.

La situación se intensificó el mes pasado cuando se descartó un plan para destinar 500 millones de euros en la investigación de ciudades inteligentes.

"Es sorprendente que no se haya adjudicado esa financiación, y queda bastante claro que las grandes empresas de servicios eléctricos no son inocentes", dijo el miembro del partido ecologista Claude Turmes, quien el año pasado ayudó a elaborar la política energética ecológica de la UE.

"Su influencia sobre los legisladores es tremenda", agregó.

La razón por la que se rechazó el financiamiento no está clara, pero el desafío que le significa a los grandes generadores de energía europeos es obvio.

ENERGIA
Aislar o reconstruir las destartaladas viviendas de Europa podría reducir los gastos de calefacción en un rango de entre 30% y 80%, lo que recortaría drásticamente la demanda de su producto.

No sólo las ciudades inteligentes reducirán lentamente sus necesidades energéticas, sino que además con el tiempo comenzarán a producir su propia energía.

Gran parte de la tecnología necesaria todavía es un sueño lejano, pero no toda.

La compañía constructora francesa Bouygues está trabajando en una oficina en Meudon, al oeste de París, que utiliza unos 4.000 metros cuadrados de paneles solares para satisfacer no sólo sus propias necesidades eléctricas sino también para exportar la energía sobrante de vuelta a la red de suministro.

"Hemos ingresado en una época de avances significativos y de revoluciones tecnológicas en el sector de la construcción", dijo Eric Mazoyer, vice director general de Bouygues Immobilier.

"Como los propietarios pagarán 60% menos de electricidad, podremos cobrar alquileres más altos y le venderemos el excedente de electricidad a (la empresa francesa de servicios) EDF", explicó.

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